Ni Una Menos: cuando la urgencia sigue siendo la misma
La concentración será a las 17:00 en Luro e Yrigoyen.
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A once años del primer grito colectivo de #NiUnaMenos, la movilización que este miércoles volverá a reunir a organizaciones feministas, sociales, sindicales y de derechos humanos en Mar del Plata encuentra razones de sobra para seguir ocupando las calles. La convocatoria, prevista para las 17 frente al Palacio Municipal, no responde solamente a una fecha simbólica: es la expresión de una realidad que continúa mostrando cifras alarmantes y respuestas insuficientes.
Cada nuevo aniversario obliga a una pregunta incómoda: ¿qué cambió realmente desde aquel histórico 3 de junio de 2015? Si bien hubo avances en materia de visibilización, legislación y conciencia social, los números siguen golpeando con la misma crudeza. En Mar del Plata, más de 60 intentos de femicidio registrados entre enero y abril reflejan que la violencia de género continúa siendo una problemática estructural que atraviesa barrios, edades y sectores sociales.
El reciente femicidio de Agostina en Córdoba volvió a poner en evidencia las falencias de un sistema que muchas veces llega tarde. Cuando las denuncias no encuentran respuestas eficaces, cuando las medidas de protección fracasan o cuando la Justicia minimiza señales de riesgo, el Estado se convierte en parte del problema. Por eso, las críticas expresadas por la Multisectorial de la Mujer no apuntan solamente a un caso puntual, sino a una cadena de responsabilidades que se repite una y otra vez.
Pero también sería un error reducir el debate exclusivamente a las estadísticas. Detrás de cada número hay una historia truncada, una familia destruida y una comunidad que se pregunta qué más se podría haber hecho para evitarlo. La violencia machista no comienza con un femicidio; se alimenta de desigualdades, silencios, naturalizaciones y discursos que muchas veces legitiman la agresión o desacreditan a quienes denuncian.
En este contexto, la discusión sobre las políticas públicas cobra especial relevancia. La insistencia de las organizaciones para que se restituya la emergencia en violencia por motivos de género y diversidad no es una demanda burocrática. Es el reclamo por herramientas concretas, presupuesto, prevención y asistencia. La ausencia de respuestas institucionales termina enviando un mensaje preocupante: que la urgencia de quienes atraviesan situaciones de violencia puede seguir esperando.
La movilización de este miércoles no será solamente una protesta. Será también un recordatorio de que la violencia de género sigue siendo una deuda pendiente de la democracia. Porque mientras continúen los femicidios, los intentos de femicidio y las múltiples formas de violencia que afectan a miles de mujeres y diversidades, el reclamo de Ni Una Menos seguirá teniendo vigencia.
A veces, la repetición de las consignas puede generar la falsa sensación de que se trata de una causa instalada y resuelta. Sin embargo, los hechos demuestran lo contrario. Cuando una sociedad debe seguir marchando por el derecho básico a vivir sin miedo, la reflexión no debería centrarse en por qué las organizaciones vuelven a las calles, sino en por qué las razones para hacerlo siguen existiendo.

