Un sistema de transporte decadente y la complicidad de la dirigencia política y sindical

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Por: Martín Terriaca


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Mar del Plata y Batán, dos localidades que, a pesar de su importancia, siguen padeciendo las consecuencias de un sistema de transporte público que raya en la ineficiencia y el abandono. A lo largo de muchos años, los residentes se han visto atrapados en un calvario diario, donde la falta de inversión, la desorganización y la complicidad de la dirigencia política y sindical han dejado a los vecinos a merced de un servicio deficiente.

La situación, lejos de mejorar, parece estancarse en un círculo vicioso del cual los principales responsables son aquellos que deberían velar por el bienestar de la ciudadanía. Empresarios del transporte que, lejos de buscar mejoras en el servicio, dependen del sostén estatal para cubrir los sueldos de sus empleados, han convertido a los vecinos en prisioneros de sus intereses económicos.

Resulta alarmante la falta de voluntad política para abordar esta problemática de raíz. La dirigencia, en lugar de fiscalizar y exigir mejoras a las empresas de transporte, parece estar más preocupada por mantener una relación simbiótica con estos empresarios, quienes, a su vez, son protegidos por un sector inescrupuloso que afirma estar del lado de la gente.

La complicidad entre la política, el sindicalismo y los empresarios del transporte ha creado un entorno en el cual los ciudadanos son los perjudicados. Se perpetúa un sistema donde las promesas de mejoras son solo palabras vacías que se desvanecen en el aire, mientras los vecinos siguen enfrentándose a colectivos obsoletos, horarios impredecibles y recorridos caóticos.

La falta de una visión a largo plazo y la ausencia de medidas concretas han sumido a Mar del Plata y Batán en un estado de transporte público que solo puede describirse como deplorable. La ciudadanía merece una explicación por parte de aquellos que, durante años, han permitido que esta situación persista. ¿Dónde está la verdadera defensa de los intereses de los vecinos?

Es tiempo de que la ciudadanía exija respuestas y acciones concretas. La ineficiencia del sistema de transporte no solo es un obstáculo para la movilidad diaria, sino también un reflejo de la falta de compromiso de aquellos que están al mando. La situación no puede seguir siendo ignorada, y es imperativo que la dirigencia política y sindical asuma la responsabilidad que le corresponde para revertir esta decadencia que afecta a toda la comunidad.

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