Mar del Plata, domingo 29 de enero de 2023

No me dejen en la última fila… soy político

No me dejen en la última fila… soy político

En el mundo del revés quienes consiguen fama, dinero, reputación y privilegios son aquellos que pertenecen al mundo de la política, en el mundo normal (o mejor llamado primer mundo), quienes integran este sector son meros trabajadores temporales al servicio de su gente.

La infinidad de casos con los que conviven día a día los argentinos demuestran la distorsión en la que se convirtió la herramienta pensada en la antigüedad temprana y creada por excelencia para resolver la vida de los pueblos.

Autos de lujo, selfies con ‘fanáticos’, accesos vips a eventos importantes, canciones de cancha dedicadas a ellos, tatuajes en su honor y demás aspectos que son más dignos de esperar para un deportista, un cantante o un actor que para un dirigente político. ¿Es acaso esa distorsión, sobre algunas figuras de la esfera pública, la que nos llevó en parte a tener hoy casi 50% de pobres, 95% de inflación y 7% de desempleo en todo el país? ¿La política argentina desde la vuelta a la democracia perdió su finalidad original?

Años y años en el sector público, pasando de cargos diametralmente opuestos en temáticas, digno de admirar para especialistas en no saber nada y a su vez saber todo. Lejos quedan los ejemplos de presidentes como Arturo Umberto Illia que ‘llegó con lo puesto, se fue con lo puestó y volvió a su casa para seguir con su vida’ según relataron los más cercanos suyos. Hoy la política pareciera ser el trampolín para algo más que en sus principios durante el siglo XI. Hoy te catapulta al estrellato, o te llena de poder, o te enriquece tus arcas, o te otorga contactos, o te hace tendencia en twitter, o te convierte en el mesías. Vamos tres párrafos y es imposible incorporar los conceptos de luchar contra el narcotráfico, bajar la pobreza, disminuir la inflación, limar la corrupción, potenciar el sistema educativo.

Hoy tiene un poder más efectivo un influencer que decide arriesgarse y ayudar a los más vulnerables, que algunos funcionarios que están más tiempos en un estudio de TV que en su despacho.

Como escribió alguna vez Hugo Alconada Mon en su libro La Raíz de todos los males: ‘Poder es impunidad’, sobre una frase de Alfredo Yabrán a fines de los años 90. Tenía razón. El sistema argentino está montado para la corrupción y la impunidad. Los fiscales no investigan, los jueces no juzgan, los organismos de control no controlan, los sindicalistas no representan a sus trabajadores. Porque así se ha ido forjando el sistema, que demuestra que los beneficios de delinquir son mayores que los costos y que se premia a los que se adaptan y castiga a los que intentan rebelarse.

 

Por Tomás Russo.

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