Mar del Plata, jueves 29 de octubre de 2020

El fútbol llora la partida de Silvio Marzolini

El fútbol llora la partida de Silvio Marzolini

El legendario jugador de Boca, Silvio Marzolini, falleció en la mañana de este viernes a los 79 años luego de batallar con un tumor, consecuencia que había dejado un ACV hace un año atrás.

Un comunicado de la familia confirmó el deceso del considerado el mejor lateral izquierdo del fútbol argentino.

La página oficial de Boca Juniors, donde jugó 12 temporadas y también fue director técnico campeón de la Primera, lo recordó de la siguiente manera:

 

A los siete años, como la mayoría de los pibes de esa edad y de aquella época, Silvio soñaba con ser jugador de fútbol. Lo imaginaba todas las noches en una habitación engalanada por el póster de Heleno de Freitas, crack histórico de Botafogo, uno de los mejores brasileños antes de Pelé. Para el pequeño admirador, ajeno a los conflictos de quien se mantiene como figura de culto en el vecino país, más importantes que el estilo fino y la capacidad goleadora de Heleno era la camiseta azul y oro que vestía en 1948.

Silvio Marzolini fue, ante todo, eso: un hincha fanático de Boca. Por eso no sorprende que aún hoy sea el jugador con más superclásicos disputados (37 oficiales, con claro récord a favor). Tampoco llama la atención que en la cancha de River, aquel caluroso 14 de diciembre de 1969, haya dado dos vueltas olímpicas para festejar el campeonato, una de carácter profesional y la otra pasional. Y menos extraña que en 1973, cuando el recién llegado técnico dijo que no lo tenía en sus planes, Silvio decidiera retirarse, pese a que los 32 años le sobraban hilo y calidad para continuar.

Vino de Ferro y desde 1960 hasta 1972 fue casi infaltable en el lateral izquierdo de Boca, el tercero con más presencias detrás de Mouzo y Gatti. Su estampa ya lo distinguía antes de empezar los partidos. Y una vez que se largaba por la raya se notaba su clase, un manejo de pelota que le permitió hasta jugar con la número 11 en alguna ocasión. El Polaco, como le decían Roma, Simeone, Silvero, Orlando, Rattin y demás compañeros de un bloque defensivo por momentos inexpugnable en los 60, fue bastante más que un marcador de punta. Para arrancar, llegó a ser considerado el mejor del mundo en ese puesto después de su participación en Chile 62 e Inglaterra 66.

Volvió al club como técnico y salió campeón en 1981, de la mano de Maradona, Brindisi y Perotti. También trabajó en las Inferiores. Desde hace tiempo su estatua jerarquiza el hall de Brandsen 805 y ahí estará siempre. Para que la vean los hinchas de Boca, el cuadro que siempre quiso y al que ayudó a hacer más grande.

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