Empresarios ricos, servicio pobre y usuarios rehenes: la fórmula eterna del transporte marplatense

Unos de los problemas más importantes de la ciudad.
Por: Martín Terriaca


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La historia se repite una y otra vez en Mar del Plata. Cambian los años, cambian los funcionarios y hasta cambian los discursos, pero el mecanismo parece calcado: cada vez que la Cámara Marplatense de Empresas del Transporte Automotor de Pasajeros (Cametap) necesita un nuevo aumento del boleto, aparece la amenaza del colapso. Esta vez no fue diferente.

Durante semanas, los empresarios insistieron con que el boleto debía trepar a casi $2.670 para sostener el sistema. Del otro lado, el Ejecutivo municipal cajoneó definiciones mientras el conflicto crecía en silencio. Y entonces llegó lo inevitable: el paro de colectivos. Otra vez los usuarios quedaron rehenes de una disputa que siempre termina pagándose de la misma manera: con trabajadores sin cobrar y vecinos sin transporte.

Lo más indignante fue el contexto. La ciudad atravesaba un fenómeno climático extraordinario, con ciclogénesis, ráfagas intensas, olas enormes y destrozos en sectores costeros que dejaron imágenes impactantes. En medio de ese escenario crítico, Mar del Plata quedó prácticamente paralizada porque las empresas aseguraban no poder afrontar los salarios. La postal fue brutal: una ciudad golpeada por el temporal y sin transporte público.

Y otra vez apareció la misma pregunta: ¿Cómo puede ser que empresarios que llevan décadas explotando el servicio sigan argumentando que no tienen espalda financiera para pagar sueldos? Resulta difícil comprender cómo un sistema que durante años recaudó millones, recibió subsidios y sostuvo aumentos permanentes del boleto siga funcionando al borde del abismo. Más aún cuando el servicio que se brinda continúa siendo deficiente, con frecuencias irregulares, unidades deterioradas y recorridos que muchas veces no responden a las necesidades reales de los barrios.

Después del conflicto llegó la calma. Se acreditaron los salarios, los colectivos volvieron a circular y el municipio difundió el nuevo estudio de costos: según el Ejecutivo, la tarifa plana debería valer $1.922, un incremento del 24%. El argumento oficial vuelve a ser conocido: caída en la cantidad de pasajeros, quita de subsidios, aumento del combustible y suba salarial de los choferes.

Todo cierto. Pero también incompleto.

Porque el problema del transporte público en Mar del Plata ya no puede discutirse solamente desde la ecuación económica. El sistema está agotado. Hace años que no existe una transformación profunda ni una planificación seria que piense el servicio como una política pública estratégica y no únicamente como una negociación permanente entre empresarios y Estado.

Mientras tanto, los usuarios siguen atrapados. Pagan boletos cada vez más caros por un servicio que no mejora y no tienen alternativas reales de movilidad. El municipio dilata una revolución del transporte que nunca llega, los empresarios presionan con conflictos recurrentes y la ciudad queda rehén de un esquema viejo, frágil y previsible.

Nada cambia. Y quizás ese sea el verdadero problema.

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